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24 junio 2021

75° aniversario de la fundación del Carmelo de Lipa (informan las hermanas de Lipa)

“Fundado el 31 de mayo de 1946, nuestro Carmelo celebra este año sus bodas de diamante: 75 años de presencia orante en la Archidiócesis de Lipa (Batangas, Filipinas). Para nosotras es una gracia muy especial que nuestro obispo fundador fuese Mons. Alfredo Verzosa y su auxiliar Mons. Alfredo María Obviar: ambos son actualmente Siervos de Dios y caminan juntos hacia la beatificación. Mons. Verzosa escribió en una ocasión a la Madre Teresa de Jesús: «Le agradezco de corazón, querida Madre, su trabajo en mi diócesis y la fundación de nuestro amado Carmelo de Lipa, la niña de mis ojos y el descanso de mi corazón».

¿Quién habría pensado fundar un Carmelo el año 1946, cuando Lipa era una de las regiones más devastadas por la guerra terminada apenas un año antes? Se necesitaba la fe inquebrantable de los santos ocultos. Las fundadoras, procedentes del Carmelo de Manila, fueron: la Madre Teresa de Jesús y las hermanas María Cecilia de Jesús, María de San José, María Ana de Jesús, Alfonsina de María, María Isabel del Sagrado Corazón y María del Carmen del Buen Pastor. El carisma de nuestro Carmelo es difundir el amor misericordioso de Dios. Con un corazón profundamente agradecido, damos gracias a Dios por estos 75 años de presencia carmelita en Lipa. La vida de nuestro monasterio consiste en ofrecer un testimonio de amor y de servicio fiel a nuestra Santa Madre Iglesia, entregando nuestras vidas por las almas, especialmente por los sacerdotes. En la actualidad somos 22 hermanas y tenemos vocaciones jóvenes y prometedoras.

Para finalizar, recodamos las palabras que escribió la Madre Cecilia de Jesús, una de las fundadoras, en 1970: «El Carmelo de Lipa es el Carmelo del Amor Misericordioso de Dios. Los años pasados han sido testigos del despliegue del misterio de Dios y la condescendencia de su Amor y su Misericordia… Sí, Dios es el Maestro de la historia. Luces y sombras revelan su gloria. El tiene aquí almas que son como niños, cuya debilidad hará manifiesta su potencia. Nos encaminamos a la meta. Con los corazones confiados alzamos los ojos hacia Nuestra Santa Madre Teresa, para que renueve en nosotras su doble espíritu, de modo que, como ella, podamos ser valientes, generosas y veerdaderas hijas de la Iglesia»”