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18 abril 2022

Acogida de refugiados ucranianos en el convento carmelita de Snagov (Rumanía)

Los padres Antonio Prestino, Marco Secchi, Mihai Lauș y Tarcisio Favaro, de la Provincia de Venecia, residen en el convento de Snagov, en Rumania. También los acompañan miembros del Movimiento Eclesial Carmelitano. A ellos se unieron el 9 de marzo tres postulantes de la Provincia de Venecia.

Desde el 24 de febrero se han preparado los lugares disponibles para acoger a los refugiados: limpieza, coches, cocina, traductores, etc., pero también viajes a la frontera (4 horas en coche) para recoger a los refugiados que necesiten ayuda. Los primeros en llegar fueron estudiantes extranjeros que asistían a universidades ucranianas; ahora deben regresar a su país de origen (Marruecos, Egipto, Kazajstán, etc.). Luego les tocó el turno a las madres de familias ucranianas (o de otras nacionalidades) que huyeron con sus hijos, así como a ciertas familias que han regresado al país con sus hijos. Siguió una gran cantidad de llamadas telefónicas para coordinar, el trasiego de los vehículos yendo a la estación o al aeropuerto, despertadores sonando en la noche para poder recoger o llevar a alguien, comidas en preparación, limpieza por hacer, medicación, lavandería, el ir y venir a las embajadas, etc, etc. Por el momento, se trata de una acogida de emergencia, breve pero necesaria, para que todos puedan tener un destino. Actualmente, la casa de espiritualidad de Snagov alberga a unos cuarenta refugiados ucranianos.

El Sr. Vito d’Ettorre, periodista de TV2000 (televisión católica italiana) que visitó nuestro centro para realizar un reportaje, nos transmitió sus impresiones tras recorrer las fronteras con Ucrania: «Rumanía se ha convertido en la ‘Lampedusa de Europa’. La acogida se ha organizado en todas partes, incluso en casas particulares y conventos. La experiencia en  el Carmelo de Snagov es maravillosa. Primero entrevisté a una mujer que huía de Ucrania. Tan pronto como llegó, entró en la iglesia y gritó en voz alta: “¡Señor, danos la paz!”. Los que huyen necesitan encontrar espiritualidad más que el pan, tal y como sucede en este santuario».