Noticias de nuestros misioneros en Bangui (República Centroafricana)

Noticias de nuestros misioneros en Bangui (República Centroafricana)

Hemos recibido recientemente una carta de nuestro hermano, el P. Federico Trinchero, ocd, desde el convento de Bangui en la República Centroafricana, dándonos noticias sobre el estado de nuestros misioneros allí, de cuyo contenido os hacemos un breve resumen.

La comunidad está compuesta en este momento por 21 religiosos: 4 padres, 11 estudiantes, 1 postulante y 5 pre-novicios, con una edad media de 26 años. De vez en cuando es reforzada por la presencia del P. Anastasio Roggero quien, a sus 80 años, continúa visitando su querida misión del “Carmel” desde Praga, su residencia habitual, desde la que sigue trabajando por las misiones en general y por esta en particular.

La formación de estos jóvenes “es y sigue siendo nuestra primera misión en el joven corazón de África y de la Iglesia; una misión que nos ocupa todos los días y es exigente… pero que también nos divierte”, nos dice el P. Federico.

En cuanto a la situación del país, continúa siendo precaria, sobre todo en algunas zonas del país (particularmente el norte), aunque los combates se están reduciendo y la situación de Bangui en particular es bastante más tranquila. El nuevo presidente –elegido democráticamente gracias a la ayuda de las fuerzas francesas- ha sido aceptado por todas las facciones del país sin discusiones, pero persiste la mutua desconfianza entre musulmanes y cristianos, por desgracia.

El número de refugiados acogidos por nuestros hermanos en la misión ha disminuido considerablemente: de los 10.000 de 2014 se ha pasado a unos 3.000. Terminamos contándoos una divertida anécdota que nos transmite el P. Federico: “Con frecuencia, cuando recorro las carreteras en el centro o el kilómetro 5, me asalta la idea de ser interpelado por alguien que, viendo mi rostro, me reconoce y grita: ¡Bwa Federico, mbi lango na Carmel! Zone ti mbi 7 (P. Federico, he dormido en el Carmel. Mi zona era la número 7). También ha ocurrido que alguien, en un arrebato de excesivo reconocimiento, ha levantado orgullosamente a mi paso un niño diciendo: So molengue ti mo! (Y este es tu hijo). Por fortuna, gracias al oscuro color de la piel del niño, evito el riesgo de las interpretaciones maliciosas… Pero, inevitablemente, el pensamiento corre, con un poco de nostalgia, hacia aquellos particulares días en los cuales nuestro refectorio se había convertido en una eficiente sala de partos y muchos niños dormían en la iglesia o jugaban en la sala capitular”.

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