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Poznan
23//10//2014
Ecos del Simposio de Poznan sobre el Epistolario teresiano


Son muchas las iniciativas que se están llevando a cabo en todas las latitudes, especialmente a partir del lanzamiento del V Centenario del nacimiento de Santa Teresa.

También desde el Seminario Mayor y el Institutum Carmelitanum de los PP. de la Provincia de Varsovia, del 16 al 18 de octubre, se ha organizado un Simposio sobre el Epistolario teresiano bajo el lema: «Santa Teresa, maestra en la correspondencia». El primer día (jueves 16), de la mano y pluma del prof. Andrzej Draguła y la hna. Lidia Wrona se abordó el panorama general del Epistolario teresiano y la comunicación como retrato del alma (ayer y hoy, también teniendo en cuenta los comunicadores contemporáneos y las redes sociales). El segundo día (viernes 17), con D. Marcin Gajda y el P. Krzysztof Pawłowski, ocd, se desarrollaron temas como el papel de la amistad en la vida de la fe y en los santos del Carmelo. Y se terminó el 3er día (viernes 18), tratando sobre el influjo familiar y el papel de la familia en la vida de Santa Teresa, a cargo del prof. Andrej Urbaniak y el P. Wojciech Ciak, ocd.

El invitado especial durante estos tres días ha sido el P. Julio Almansa, Secretario Gral. de misiones, que además de amenizar a la asamblea con algún canto contemplativo antes de sus charlas, ha ido presentando algunos aspectos de su reciente libro (ya traducido al polaco por la hna. Ela Strach, cmt): Mistyka i realizm w okresie Reformy terezjanskiej («Mística y realismo en los tiempos recios de la Reforma»).

Con una importante afluencia de laicos, religiosos, religiosas y amigos del Carmelo, que han llenado durante estos tres días la cripta del Santuario de San José de Poznan, se ha comenzado celebrando el Año jubilar teresiano, que esperamos aporte muchos y buenos frutos a la Iglesia y al Carmelo.

 

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Mensaje Papa Francisco
23//10//2014
Mensaje del Papa Francisco con motivo del V Centenario del Nacimiento de Santa Teresa de Jesús

A Monseñor Jesús García Burillo
Obispo de Ávila
Ávila

 

Querido Hermano:

El 28 de marzo de 1515 nació en Ávila una niña que con el tiempo sería conocida como santa Teresa de Jesús. Al acercarse el quinto centenario de su nacimiento, vuelvo la mirada a esa ciudad para dar gracias a Dios por el don de esta gran mujer y animar a los fieles de la querida diócesis abulense y a todos los españoles a conocer la historia de esa insigne fundadora, así como a leer sus libros, que, junto con sus hijas en los numerosos Carmelos esparcidos por el mundo, nos siguen diciendo quién y cómo fue la Madre Teresa y qué puede enseñarnos a los hombres y mujeres de hoy.

En la escuela de la santa andariega aprendemos a ser peregrinos. La imagen del camino puede sintetizar muy bien la lección de su vida y de su obra. Ella entendió su vida como camino de perfección por el que Dios conduce al hombre, morada tras morada, hasta Él y, al mismo tiempo, lo pone en marcha hacia los hombres. ¿Por qué caminos quiere llevarnos el Señor tras las huellas y de la mano de santa Teresa? Quisiera recordar cuatro que me hacen mucho bien: el camino de la alegría, de la oración, de la fraternidad y del propio tiempo.

Teresa de Jesús invita a sus monjas a «andar alegres sirviendo» (Camino 18,5). La verdadera santidad es alegría, porque "un santo triste es un triste santo". Los santos, antes que héroes esforzados, son fruto de la gracia de Dios a los hombres. Cada santo nos manifiesta un rasgo del multiforme rostro de Dios. En santa Teresa contemplamos al Dios que, siendo «soberana Majestad, eterna Sabiduría» (Poesía 2), se revela cercano y compañero, que tiene sus delicias en conversar con los hombres: Dios se alegra con nosotros. Y, de sentir su amor, le nacía a la Santa una alegría contagiosa que no podía disimular y que transmitía a su alrededor. Esta alegría es un camino que hay que andar toda la vida. No es instantánea, superficial, bullanguera. Hay que procurarla ya «a los principios» (Vida 13,l). Expresa el gozo interior del alma, es humilde y «modesta» (cf. Fundaciones 12,l). No se alcanza por el atajo fácil que evita la renuncia, el sufrimiento o la cruz, sino que se encuentra padeciendo trabajos y dolores (cf. Vida 6,2; 30,8), mirando al Crucificado y buscando al Resucitado (cf. Camino 26,4). De ahí que la alegría de santa Teresa no sea egoísta ni autorreferencial. Como la del cielo, consiste en «alegrarse que se alegren todos» (Camino 30,5), poniéndose al servicio de los demás con amor desinteresado. Al igual que a uno de sus monasterios en dificultades, la Santa nos dice también hoy a nosotros, especialmente a los jóvenes: «¡No dejen de andar alegres!» (Carta 284,4). ¡El Evangelio no es una bolsa de plomo que se arrastra pesadamente, sino una fuente de gozo que llena de Dios el corazón y lo impulsa a servir a los hermanos!

La Santa transitó también el camino de la oración, que definió bellamente como un «tratar de amistad estando muchas veces a solas con quien sabernos nos ama» (Vida 8,5). Cuando los tiempos son "recios", son necesarios «amigos fuertes de Dios» para sostener a los flojos (Vida 15,5). Rezar no es una forma de huir, tampoco de meterse en una burbuja, ni de aislarse, sino de avanzar en una amistad que tanto más crece cuanto más se trata al Señor, «amigo verdadero» y «compañero» fiel de viaje, con quien «todo se puede sufrir», pues siempre «ayuda, da esfuerzo y nunca falta» (Vida 22,6). Para orar «no está la cosa en pensar mucho sino en amar mucho» (Moradas IV,1,7), en volver los ojos para mirar a quien no deja de mirarnos amorosamente y sufrirnos pacientemente (cf. Camino 26,3-4). Por muchos caminos puede Dios conducir las almas hacia sí, pero la oración es el «camino seguro» (Vida 213). Dejarla es perderse (cf. Vida 19,6). Estos consejos de la Santa son de perenne actualidad. ¡Vayan adelante, pues, por el camino de la oración, con determinación, sin detenerse, hasta el fin! Esto vale singularmente para todos los miembros de la vida consagrada. En una cultura de lo provisorio, vivan la fidelidad del «para siempre, siempre, siempre» (Vida 1,5); en un mundo sin esperanza, muestren la fecundidad de un «corazón enamorado» (Poesía 5); y en una sociedad con tantos ídolos, sean testigos de que «solo Dios basta» (Poesía 9).

Este camino no podemos hacerlo solos, sino juntos. Para la santa reformadora la senda de la oración discurre por la vía de la fraternidad en el seno de la Iglesia madre. Esta fue su respuesta providencial, nacida de la inspiración divina y de su intuición femenina, a los problemas de la Iglesia y de la sociedad de su tiempo: fundar pequeñas comunidades de mujeres que, a imitación del "colegio apostólico", siguieran a Cristo viviendo sencillamente el Evangelio y sosteniendo a toda la Iglesia con una vida hecha plegaria. «Para esto os junto El aquí, hermanas» (Camino 2,5) y tal fue la promesa: «que Cristo andaría con nosotras» (Vida 32,11). ¡Que linda definición de la fraternidad en la Iglesia: andar juntos con Cristo como hermanos! Para ello no recomienda Teresa de Jesús muchas cosas, simplemente tres: amarse mucho unos a otros, desasirse de todo y verdadera humildad, que «aunque la digo a la postre es la base principal y las abraza todas» (Camino 4,4). ¡Cómo desearía, en estos tiempos, unas comunidades cristianas más fraternas donde se haga este camino: andar en la verdad de la humildad que nos libera de nosotros mismos para amar más y mejor a los demás, especialmente a los más pobres! ¡Nada hay más hermoso que vivir y morir como hijos de esta Iglesia madre!

Precisamente porque es madre de puertas abiertas, la Iglesia siempre está en camino hacia los hombres para llevarles aquel «agua viva» (cf. Jn 4,10) que riega el huerto de su corazón sediento. La santa escritora y maestra de oración fue al mismo tiempo fundadora y misionera por los caminos de España. Su experiencia mística no la separo del mundo ni de las preocupaciones de la gente. Al contrario, le dio nuevo impulso y coraje para la acción y los deberes de cada día, porque también «entre los pucheros anda el Señor» (Fundaciones 5,8). Ella vivió las dificultades de su tiempo -tan complicado- sin ceder a la tentación del lamento amargo, sino más bien aceptándolas en la fe como una oportunidad para dar un paso más en el camino. Y es que, «para hacer Dios grandes mercedes a quien de veras le sirve, siempre es tiempo» (Fundaciones 4,6). Hoy Teresa nos dice: Reza más para comprender bien lo que pasa a tu alrededor y así actuar mejor. La oración vence el pesimismo y genera buenas iniciativas (cf. Moradas VII, 4,6). ¡Éste es el realismo teresiano, que exige obras en lugar de emociones, y amor en vez de ensueños, el realismo del amor humilde frente a un ascetismo afanoso! Algunas veces la Santa abrevia sus sabrosas cartas diciendo: «Estamos de camino» (Carta 469,7.9), como expresión de la urgencia por continuar hasta el fin con la tarea comenzada. Cuando arde el mundo, no se puede perder el tiempo en negocios de poca importancia. ¡Ojalá contagie a todos esta santa prisa por salir a recorrer los caminos de nuestro propio tiempo, con el Evangelio en la mano y el Espíritu en el corazón!

«¡Ya es tiempo de caminar! » (Ana de San Bartolomé, Últimas acciones de la vida de santa Teresa). Estas palabras de santa Teresa de Ávila a punto de morir son la síntesis de su vida y se convierten para nosotros, especialmente para la familia carmelitana, sus paisanos abulenses y todos los españoles, en una preciosa herencia a conservar y enriquecer.

Querido Hermano, con mi saludo cordial, a todos les digo: ¡Ya es tiempo de caminar, andando por los caminos de la alegría, de la oración, de la fraternidad, del tiempo vivido como gracia! Recorramos los caminos de la vida de la mano de santa Teresa. Sus huellas nos conducen siempre a Jesús.

Les pido, por favor, que recen por mí, pues lo necesito. Que Jesús los bendiga y la Virgen Santa los cuide.

Fraternalmente,

Francisco

 

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P. Saverio
14//10//2014
Mensaje del P. General con motivo del V Centenario

+ Ávila, 14 de octubre de 2014

Convento de "La Santa"

A todos los miembros de la Orden del Carmelo Descalzos, frailes, monjas y seglares y toda la gran familia teresiana, hermanas y hermanos, desde nuestra Casa Madre, la Casa de Teresa: ¡Que la Paz de Cristo, el Jesús de Teresa, esté con todos vosotros!

Después de cinco años y medio de concienzuda preparación personal y comunitaria, llegamos a este día tan deseado, 15 de octubre de 2014, solemnidad de Santa Teresa, en el que iniciamos las celebraciones del V Centenario de su nacimiento ¡Feliz 500º cumpleaños, Santa Madre!

Es para nosotros una magnífica oportunidad este quinto Centenario, para que Teresa continúe a hablarnos con la fuerza de su testimonio y de su pasión. La Santa nos habla de aquello que ha vivido, nos cuenta la historia de un alma -la suya- que después de muchas resistencias ha cedido al amor del Dios vivo y ha descubierto en él la propia verdad, la bondad y la belleza radical. Teresa no ha hecho alarde para sí misma de su experiencia, sino que nos la ha donado para que también nosotros podamos entrar en su misma plenitud de vida y de felicidad, que de otro modo no hubiéramos conocido, quedando prisioneros del mundo.

Constatamos, de día en día, que nuestro ser tiende a reducirse a las proporciones de un mundo dominado por las dinámicas del poder económico y tecnológico. Creemos ser omnipotentes, pero en realidad estamos perdiendo lo más grande que posee el ser humano: su capacidad de amar como Dios lo ama. Teresa nos lleva a esta cima de nuestro ser, al punto de contacto entre el hombre y Dios, el cual tiene un rostro y un nombre, el de Jesucristo crucificado y resucitado.

En el centro del centenario teresiano debe estar aquello que está en el centro del corazón de Teresa y no aquello que está en el centro de nuestros proyectos mundanos, de nuestras iniciativas. En el centro del centenario debemos situar aquello que, a quinientos años de distancia, no ha envejecido, ni mucho menos, ni ha perdido actualidad, es decir, una vida empapada, herida de Dios, a la cual ha sido confiada una misión de crucial importancia: recordar a la Iglesia y al ser humano de todos los tiempos que el centro del hombre es Dios y que el centro de Dios es el hombre.

Tengo miedo de denominar a todo esto mística, porque esta etiqueta podría hacer de Teresa un jardín cerrado, una fuente sellada a la cual sólo pueden acceder unos pocos elegidos. La misión de Santa Teresa es universal y no es sino una nueva propuesta del Evangelio, de la alegría del Evangelio, de su frescura, de su fuerza liberadora y humanizadora.

Teresa comparte con cualquiera, con toda persona en cualquier lugar del mundo cuyo andar se pierde en una ruta hacia ninguna dirección, aquello que ella ha encontrado: una morada y un camino. Precisamente estos son los títulos de sus obras principales: camino y morada. Si lo pensamos bien, son propiamente las dimensiones fundamentales que la vida necesita para existir y ser humana, las cuales sentimos hoy tan amenazadas por un modo de vivir que nos invade y nos dispersa.

A aquel camino y aquella morada en las que Teresa ha vivido debería conducirnos este Centenario. Si no conseguimos ponerlos en el centro, creo que no agradarán a Santa Teresa las celebraciones que organizaremos para ella, por más solemnes, atrayentes y refinadas que sean ¡Teresa es una monja simple y pobre, no lo olvidemos! Una monja con el hábito y las sandalias casi siempre llenos de polvo, con el rostro marcado por el cansancio físico, con el ánimo a menudo envuelto en sufrimientos y preocupaciones por sus hermanas y sus hermanos. Más allá, sin embargo, bajo esta superficie de cansancio y fragilidad, hay una fuerza y una determinación férreas.

Es la fuerza de quien, a pesar de tener que moverse continuamente, permanece en casa; es la decisión de quien, en medio de la complejidad de las situaciones, no pierde de vista la meta que orienta su camino.
¿Cómo haremos para poner en el centro el camino y la morada de Teresa? Releer sus escritos -como hemos hecho unidos a lo largo de estos últimos años-, es ciertamente un primer paso, de importancia fundamental. Pero no podemos quedarnos quietos. Hemos de pasar a la práctica.

Estamos llamados a reconocer en nosotros mismos aquello que las palabras de Santa Teresa describen, a encontrar, mi casa y mi camino. Advierto que ello no se podrá conseguir si no realizamos elecciones. No sé si tendremos que elegir apagar un poco más a menudo nuestros teléfonos móviles, nuestros ordenadores, nuestras tabletas o bien -lo que es bastante más complejo- tendremos más bien que aprender a hacer de todo ello un uso diverso. De algo sí estoy convencido, es decir, que el Centenario no lo celebraremos adecuadamente sólo haciendo cosas para honrar la memoria de Santa Teresa, sino haciéndonos Teresa, si me aceptáis esta expresión un tanto audaz.
Creo que Teresa nos está diciendo lo que San Pablo decía a sus discípulos de Corinto: vosotros mismos sois mi carta de recomendación, "escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo, no sobre tablas de piedra, sino sobre las tablas de carne de vuestros corazones" (2 Cor 3, 2-3).

En conclusión: ¿A dónde nos lleva el Centenario de Teresa? Nos lleva a nuestros corazones, el lugar donde habita nuestra verdad y la verdad del Dios vivo. Que ellas se encuentren en el nombre y siguiendo las huellas de la Santa: esta es la única celebración que podrá alegrar el corazón de la Madre y hacerle sentir la fecundidad de su búsqueda, de su lucha, de su infatigable peregrinar.

¡Gracias, Teresa, porque no para ti, sino, verdaderamente, para todos nosotros has nacido!

Fr. Saverio Cannistrà, ocd
Prepósito General

 

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Misa
15//10//2014
Multitudinaria celebración en Ávila en la apertura del V Centenario

La ciudad de Ávila ha acogido una multitudinaria celebración eucarística de inicio del V Centenario del Nacimiento de Santa Teresa de Jesús. En la plaza central de la localidad se ha celebrado una solemne misa inaugural presidida por el presidente de la Conferencia Episcopal Española, monseñor Ricardo Blázquez, y concelebrada por más de una veintena de obispos, entre ellos monseñor Jesús García Burillo, prelado de Ávila, y por el P. General de la Orden, P. Saverio Cannistrà.

Además, en la celebración han participado cuatro definidores generales, P. Emilio José Martínez, P. Albert Wach, P. Robert Paul y el P. John Grennan, el Secretario General del V Centenario, P. Antonio González, varios provinciales españoles, numerosos carmelitas descalzos, un nutrido número de carmelitas seglares y una gran representación de las distintas ramas de la familia teresiana.

La eucaristía se ha celebrado al aire libre y ha contado con la participación de más 7.000 personas. Asimismo, han asistido numerosas autoridades del Gobierno de España, de la Junta de Castilla y León de la ciudad de Ávila y de otras localidades teresianas.

"Sus escritos son un libro vivo y la reforma que ella inició en el convento de San José, a pocos metros de aquí, enriquece con un nuevo estilo la vida religiosa dentro de la Iglesia. Los escritos de Santa Teresa y sus hijas e hijos son un signo de la actuación del Espíritu Santo en la Iglesia y la humanidad", con estas palabras comenzó su homilía monseñor Ricardo Blázquez quien se mostró muy esperanzado ante una posible visita del Papa a España con motivo del V Centenario.

Por otra parte, el presidente de la Conferencia Episcopal Española precisó que Teresa vivió los acontecimientos de la historia ante Dios, en una especie de trenzado creyente de hechos exteriores y de gracias íntimas; lo que acontecía cerca o lejos era conversado con Dios en la oración y se convertía en llamada apostólica. "En ese diálogo de historia y Dios en su interior, Teresa va a descubrir su carisma y a escuchar su misión de fundadora. La intersección de niveles, entre el personal orante, el narrativo de la historia y la exposición de su discurso es permanente", detalló Blázquez.

Asimismo, monseñor Ricardo Blázquez dijo que en la escuela de Santa Teresa se aprende siempre, pues es un astro brillante en el firmamento de la Iglesia y de la humanidad. "Trae gran provecho acercarnos a las grandes personas de nuestra historia desde las búsquedas e incertidumbres del presente".

En la relación a Teresa como maestra de oración, el presidente de la Conferencia Episcopal Española aclaró que la oración no es una expansión del espíritu del hombre hacia el vacío o a la soledad sideral sobrecogedora; ni un ejercicio del hombre para vencer la superficialidad buscando la profundidad o para superar la fragmentación en un centro unificador. "La oración es un trato de amistad con Dios que sabemos nos ama (cf. Vida 8, 5), que viene a nuestro encuentro, que nos espera, que nos acompaña".

Finalmente, monseñor Ricardo Blázquez aseguró que la celebración del V Centenario del nacimiento de Santa Teresa de Jesús es una oportunidad preciosa para actualizar y asimilar las dimensiones fundamentales de la vida cristiana y apostólica en la Iglesia, y también la autenticidad de la existencia humana que todos compartimos. Cuando una persona y su obra tocan el fondo de la vida, su irradiación es hondamente cristiana y auténticamente humanizadora; así es el humanismo de Teresa.

Antes de finalizar la eucaristía los peregrinos de "Camino de Luz" recibieron a bendición de monseñor Ricardo Blázquez, monseñor Jesús García Burillo y del P. General de la Orden.

Tras la misa las calles de Ávila recibieron a Santa Teresa que posesionó desde la plaza donde se había celebrado la eucaristía hasta la iglesia de los Padres Carmelitas con miles de personas en las calles.

 

 

 

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